Cuando Helmar nos propuso este retiro a mi marido y a mí, accedimos a ir sin dudar. Lo cierto es que desconocíamos qué iba a suceder ese fin de semana. Al principio me pareció como un “viaje grupal con guía incluido a nuevos paradigmas”, en el que podía compartir momentos con otras personas que tenían inquietudes semejantes a las mías.

Pero momentos después de empezar, rodeada por un silencio envolvente, me percaté de que era un viaje a mi interior, a mi esencia como ser, en el que solo yo podía participar.

Desde ese preciso instante hasta hoy, he ido recuperando mi fuerza interior, esa luz que sentía apagada desde hacía mucho tiempo. Ahora siento que soy más que mis pensamientos y mi cuerpo.

Envuelta por mi silencio

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