Buenos días querido Helmar. Me preguntas cómo estoy. Estoy muy bien y te quiero contar porqué. Para ello tengo que retrotraerme a muchos años atrás.

Por circunstancia de la vida de mi familia, desde muy pequeña, hemos estado cambiando de lugar: de casa, de barrio, de ciudad, de pais,,, y siempre tuve un primer periodo de estar “parada”, quieta, ensimismada. Los mayores me preguntaban si estaba bien, y decía que sí, estaba bien. Eran nuevos entornos, nuevas personas, nueva lengua, nuevas maneras,,. Tenía unos 5 o 6 años y estábamos en China, donde vivimos 5 años. Padre madrileño, madre valenciana, colegio en ruso, juegos y amiguitos chinos. Recuerdo bien que al principio estuve parada, como pasiva, observando, escuchando, hablaba poco aunque entendía todo. Luego, de repente, rompía a hablar, a expresarme con claridad, sin obstáculos y en cualquier lengua de las que oía.

Ya de estudiante, al aprender otras lenguas lo hacía tal y como nos enseñaban: la gramática, la ortografía, la sintaxis,, y me preguntaba: ¿Cómo aprendía de pequeña? ¡con que facilidad! Sin saber nada la las reglas del nuevo idioma!. Siempre supe que necesito tiempo para impregnarme de esa nueva sensación, estar allí, sentir, vivirlo, y que en algún momento, saldrá de mi lo que preciso. Estos episodios se han repetido siempre en mi vida: estar en un lugar nuevo, otros paisajes, otra lengua, otras personas, otras maneras,,. Pues ahora vuelvo a estar allí, con la sensación de “parada”, de necesitar tiempo para impregnarme, y sabiendo íntimamente que algo ocurrirá, algo nuevo, claro y preciso.

Esta pasada noche lo vi muy claro, tan claro que no me quería despertar! Ahora, despierta, aun recuerdo esa sensación de claridad, de haber entendido algo muy importante. Pero aún no soy capaz de explicarlo; sé que necesito mi tiempo de permanecer en este estado de partículas en suspensión, como la bola de nieve que habíamos usado tanto en el curso.

Gracias por ese nuevo lugar (la casa de Úrsula y Nico), con sus paisajes, sus personajes, todos los seres que habitan ese lugar, todo el cariño y amor que se siente en su compañía. Gracias a ti Helmar por enseñarme esa nueva lengua que, estoy segura, dominaré pronto y perfeccionaré en distintas ocasiones en las que nos volveremos a encontrar.

Gracias y suerte en todo!

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