Ayer una buena amiga, quien había leído la última entrada de mi blog me decía: Helmar, no sé quien soy. Y también: “Para mí es importante saber quién soy”.

Pienso que es un lugar muy común en el cual las personas que están en su particular proceso personal, psicológico, espiritual buscan respuesta en ese sentido. De hecho, para Ramana, Nissargadata y los grandes maestros orientales es ESA la GRAN PREGUNTA, la ÚNICA PREGUNTA: ¿Quién soy yo?  

Buscamos una respuesta y no caemos en la cuenta de que la pregunta en si es la trampa. No encontrarás jamás respuesta directa porque la respuesta está en QUIEN HACE LA PREGUNTA.  

¿QUIEN quiere saber quien eres? ¿Para QUIEN es importante?

Quien quiere saber es TU EGO, lo existencial, el sirviente que ha tomado la casa y ha suplantado al amo.  

Observa a un niño de 5 meses. ¿Necesita saber quién es?

Observa a un perro. ¿Necesita saber quién es?

Observa a un gato. ¿Necesita saber quién es?

Observa una rosa. ¿Necesita saber quién es?

No, no, no y no. Una rosa es una rosa. Ni siquiera se muestra. No busca. No indaga. No empuja. Simplemente ES.

Todos ellos, el perro, el gato, el niño, la rosa son tus maestros. Obsérvalos. Simplemente son. No necesitan mostrarse…ya son en pura presencia. No necesitan saber. Eso que ES ya SABE.

Todos ellos tienen una mente en silencio. Si, también la rosa. Busca el silencio. Porque en el silencio encontrarás todo aquello que, en el fondo, anhelas: la paz, la sabiduría, el amor, la conexión, la unión.

Cuanto más trates de nombrarlo, de definirlo, de agarrarlo, más te alejas.

En el silencio lo encuentras TODO. En el silencio te encuentras. Es el origen.

El silencio…eres tú.

 

Helmar Rodriguez Messmer

Hola, me llamo Helmar, consultor y facilitador especializado en el desarrollo del potencial organizacional-sistémico y humano. He formado a profesionales y particulares en más de 25 países y todas mis propuestas están orientadas a obtener resultados prácticos por un lado y, por otro, elevar la mirada, desarrollar la consciencia, para que los participantes atraviesen los límites que les impiden desplegar sus capacidades. El límite de nuestras posibilidades y de nuestro crecimiento personal y profesional nunca es externo, siempre acecha en nuestro interior.