El hombre, desde sus inicios más remotos, ha vivido inmerso en la INCERTIDUMBRE. Hasta que cierto día, en los albores de la ilustración, llegó Newton con el absolutismo: el universo es un gran reloj al que se le da cuerda y así, fluyendo eterna e inexorablemente en una única dirección, todo es, en cierto modo, previsible.
Desde entonces el hombre anhela la seguridad sin condiciones. Busca, en última instancia, la revelación certera de su PROPIO DESTINO.
Dudo mucho que podamos encontrar y fijar ese destino porque ese horizonte lleno de futuro es, inalcanzable. El futuro, por definición, es una ecuación incompleta. Todo aquello, esperado o deseado o proyectado, no se cumple en la medida que solo vivimos en el presente más radical.

No obstante, mucho más poderoso que conocer (o querer conocer) ese destino, es SABER “QUIEN” LO ESCRIBE. Comienza el viaje…

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