Fui a este encuentro por recomendación de un amigo que me alertó: “Despídete de tu yo de ahora porque se va a quedar allí. Cuando vuelvas serás otra”. No sé lo que he dejado en Piedralaves y lo que ha venido, sí sé que entras en otra dimensión de tal magnitud que lo que hasta ahora me definía y me clasificaba en casillas deja de tener sentido. ¿Se puede, después de un viaje de 60 horas, salir tan vacío como lleno? ¿Se puede sentir uno tan pequeño como infinito? ¿Se puede expandir tu pecho hasta, por fin, romper barreras que ni siquiera sabías que existían? ¿Se puede cambiar la vida en un fin de semana? Sí, sí, sí y sí. Contaba Helmar que un chico, al empezar un encuentro, le había pedido levitar. Todos nos reímos. Y, sin embargo, terminé levitando. Me “cogí” un paracaídas, me tiré por el abismo hacia un mundo sin límites y me permití volar sin miedo. No puedo contaros lo que os vais a encontrar, cada uno hará su propio viaje; lo que sí puedo asegurar es que sin dogmas ni fórmulas mágicas saldréis de allí con una semilla bien arraigada que sólo querréis cuidar y ver crecer. ¿Por qué esa certeza? Porque la realidad es y Helmar te la entrega de una forma tan sencilla, tan llana, tan cálida, tan humana y tan profesional que cala por igual en los más racionales, espirituales, emocionales o corporales. ¡Buen viaje!

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