Nirvana

La salida del sufrimiento está más allá de la manipulación de cualquier objeto (emociones, sensaciones, pensamientos, relaciones) que queramos “arreglar”. Simplemente busca en tu experiencia aquello que no es un objeto y habrás encontrado la salida.

Detona una insatisfacción. Si nos detenemos podemos ver que es algo muy simple: una emoción o una sensación. En el momento que trato de modificar la experiencia, convierto mi sensación o emoción en un enemigo a derrotar, lo que genera una división interna que genera más malestar.

A partir de aquí podemos dilucidar un doble reconocimiento. En primer lugar, reconocemos la emoción por lo que es: un objeto transitorio apareciendo en la consciencia. Tanto emociones, como pensamientos, sensaciones, percepciones, imágenes y relaciones son objetos que intermitentemente van apareciendo en nosotros. Cualquier emoción, pensamiento o sensación está hecho de nosotros, apareciendo y desapareciendo en nosotros. Conforman la experiencia que estamos teniendo momento a momento. El sistema funciona como debe funcionar porque refleja tan solo la experiencia de este instante.

Por otro lado, reconozco que las emociones y sensaciones, al ser transitorias, no me determinan ni me identifican. “Yo” soy el espacio permanente en el que aparecen y desaparecen todos los objetos percibidos. Soy el espacio en el que ocurre el conocer de las emociones. Ese espacio es paz, plenitud, libertad. Puro ser.

En el momento de reconocer este hecho no hay resistencia a lo que ocurre y no surge la necesidad de intervenir en el devenir de la vida. No interviniendo en los emergentes -emociones, sensaciones, pensamientos, imágenes, relaciones y percepciones- el sufrimiento no sé activará.

Sin resistencia experimentamos nuestra naturaleza innata: paz, plenitud, bienestar. Podemos encontrarnos en medio de la mayor tormenta, pero sabemos del silencio de fondo que conforma nuestra naturaleza innata. Somos ese fondo de presencia, desplegándose.

De vuelta a la realidad

Muchas personas pretenden que el mundo les obedezca y se adapte a todos sus caprichos; de expulsar del mundo todo lo que se interponga, obstinada y tenazmente, entre su voluntad y la realidad. Literalmente hacen frente a la realidad pretendiendo vivir en un mundo constituido únicamente por lo que quieren y desean en cada momento. (A esto también lo llamamos sociedad de consumo).

Cuanto más estemos anclados en esta dinámica, ignorando el funcionamiento fundamental de la vida, tanto mayor será el sufrimiento. La vida siempre es lo que es. La realidad es lo que es. Pretender que este momento sea distinto a lo que es en este instante, activa y es fuente de nuestro sufrimiento.

Esto no quiere decir que seamos indiferentes al mundo y a aquello que acontece. En absoluto. Cuando vivimos la totalidad de este instante, cuando no rechazamos una parte de este momento, surgirá la acción justa: aquella que expresa, totalmente, el amor que somos.

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